28 de noviembre de 2010

Capítulo XVIII

Aunque mis abuelos vivían en Jerez yo seguía yendo a Arcos a casa de la tía Teresa hermana de mi abuela hasta que murió Yo ya estudiaba Bellas Artes y tendría ya 22 años. Yo entonces salía todos los días a pintar paisajes.  Años antes en esa casa vivía y murió una hermana de bisabuela, madre de mi abuela Catalina y su hermana Teresa, la tía Inés, que yo conocí y que según sabia había enviudado cuatro veces, en sus sucesivos matrimonios se había casados con otros viudos que tenían hijos, de uno de estos nació Teresa. Así que mi abuela decía: el hermano de mi hermana.
Yo tenía el dormitorio y la cama de la tía Inés ya difunta hacia años, de noche en verano y con puertas y ventanas abierta por el calor oía sonido de pasos sobre las lozas sueltas de la habitación, encendía la luz y no había nadie y así varias noches, Yo soy poco creyente en el más allá y menos en fantasmas pero esos sonidos no dejaban de preocuparme, hasta que un día descubrí que era el gato que atravesaba la habitación y sonaban las lozas sueltas del pavimento.  
Mi madre tenía dos hermanas, la mayor María se casó antes que mi madre y el matrimonio emigro a Montevideo -Uruguay, aunque se escribían las cartas tardaban meses en llegar. No tengo la menor noticia de esa familia se que tenia primos y ahora serán abuelos como yo. Siento curiosidad pero no se ni el apellido de su padre.
Dibujo de Francisco Iñiguez Almech

La segunda Teresa y su marido Manuel, están incluidos en mi santoral aunque debieran estarlo en el de la Iglesia Católica, era de las mejores personas que he tratado en mi vida. Contar algo de sus vidas seria largo, solo que eran muy pobres, más todavía. No eran en absoluto practicantes religiosos, yo pienso que Manuel los únicos días que piso la iglesia fue el de su casamiento o el bautizo de sus hijos, que por cierto da para otra historia  Su comportamiento en la vida, son los que me hacen dudar que después de esto no haya algo más. 
Vivian en un campito cerca de la zona de “Sierra Valleja”, donde se encuentran los Pagos del Roncero Alto, Roncero Bajo, El  Charcón, La Cañada del Cuervo y El Peñón Amarillo, al lateral derecho de la carretera Arcos – Algar a unos 6 Km. del pueblo que desde allí se divisa en lejanía. Zona de buenos vinos blancos y tintos que se crían con procedimientos modernos. Peros estas cualidades de los terrenos de Arcos para viticultura se han descubiertos no ha mucho tiempo y ya varias bodega se han instalados por aquella zonas que producen vinos de calidad gracias al particular microclima atlántico y a las extraordinarias tierras de albarizas.
Choza en Arcos de la Frontera

Pero el campo de Manuel y Teresa posiblemente con este tipo de tierras que tienen especial aplicación para el cultivo de la vid y del olivo no sirve para otra cosa. Vides no tenía pero si olivos, pero las aceitunas que producía se las llevaba su padre por un acuerdo que tenían cuando le cedió la finca así que se ganaba la vida de jornalero por cortijos cercanos. Yo me iba con ellos a su casa algunas temporadas, tenían dos hijos Teresa que yo fui su padrino de bautizo cuando solo tenía 4 ó 5 años y Antonio, Mi prima Teresa se casó tuvo hijos y el cáncer se la llevo muy joven. A sus descendientes y a Antonio les he perdido la pista
Su casa era una choza.  Un rectángulo  de paredes de piedras de dos metro de altura aproximadamente unidas con argamasa de cal, arena y agua enfoscada y encalada, se montaban la techumbre con palos a dos aguas y  se cubre con haces de castañuela, este pasto bien sujeto y amarrado, no dejaba pasar el agua, el frío o el calor, en el centro un palo que se le denomina cumbrera, pues funciona como eje y sostén principal de la cubierta de paja. La castañuela descansa sobre unos palos o “costillas”, que formaban la estructura de la choza. Sobre éstas se iban colocando las cañas que iban a servir para aguantar el pasto y se cosía con tomiza con aguja de espartero, las cañas verticales se les denomina “padrones” y las horizontales “latas”. 
Choza cubana

En las chozas no había habitaciones, como mucho unas cortinas separaban unos espacios de otros, el suelo era de loza de piedra. Su origen habría que buscarlo en tribus lejanas podrían corresponder a una época muy remota del tipo neolítico que han perdurados hasta mediados del siglo XX, fueron muy abundantes en la zona atlántica de Andalucía y parece que en el Rif (Marruecos) todavía persisten.  El haber vivido en una choza es inolvidable y me alegro mucho de haberlo experimentado y haber sino feliz.  A mis nietos les parecerá inconcebible que nos alumbramos con candiles y quinqué, que no hubiera baño y que el agua tenía que acarrease en cantaros,  La familia de Manuel se apodaban “Aguaores” porque sus antepasados tuvieron el oficio de acarrear agua.
De Manuel no puedo dejar una historia de la que él no quería hablar pero que conocí gracias a Teresa su mujer que intercedió para que me la contara, El que era un santo iletrado no puedo tener la menor duda que lo que me contó era cierto.
Era muy pequeño cuando él y un hermano un poco mayor fuero al Guadalete a bañarse, estando en el agua, no sabían nadar, Manuel perdió pie cayendo a una fosa profunda donde se debatía para no ahogarse y cuando cansado se hundía vino una mujer y lo saco a la orilla. Su hermano aseguraba que no había ninguna mujer que había salido él solo, pero él estaba convencido de todo lo contrario le aseguraba que esa mujer estaba lo cogió y lo saco, tiempo después su madre los lleva a ver las procesiones de Semana Santa y al paso de la Virgen de la Soledad dijo que esa era la mujer que me saco del agua. Yo que soy nada creyente en milagros, que existen en todas las religiones, seguro que todo tiene una base científica aunque este por descubrir. He conocido algunos casos como este de primera mano que me dejan confundido.



Herramienta de ebanistería

El hermano menor Currito  era un gran ebanista. Tenía un taller en Arcos que yo de pequeño frecuentaba, Podía contar como era el trabajo en una antigua carpintería donde no había maquinas eléctricas.  Pienso que de ahí me viene el amor que tengo por el mueble y la madera, su olor enriquecen mis sentidos Durante la guerra civil estuvo militarizado, no fue al frente porque trabajaba en Jerez en unos talleres donde se construían fuselajes de aviones con madera y tela. Estos talleres estaban situados en unos cascos de bodegas de la calle Cartuja que siempre fueron del Ejército del Aire y yo en tiempo de mili hice en ese lugar muchas guardias. El tiempo que vivió en Jerez lo hizo en casa. Otro santo, pero de vida muy complicada que la acabo en Sevilla donde trabajaba, Vivía en el barrio de los Pajaritos, solo, porque estaba separado, con un hijo y una hija entonces pequeños, Cuando yo estaba en Bellas Artes me reunía algunas veces con él 

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